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El Tour regresa a Orcières-Merlette, donde Luis Ocaña destrozó a Eddy Merckx: "Nos ha matado como El Cordobés a los toros"

El Tour regresa a Orcières-Merlette, donde Luis Ocaña destrozó a Eddy Merckx: "Nos ha matado como El Cordobés a los toros"

Seis años después, el Tour regresa a Orcières-Merlette, la estación de esquí que es uno de los lugares más icónicos del ciclismo español. Porque aquel 8 de julio de 1971, la propia historia del deporte escribió uno de esos capítulos de lo que pudo ser y no fue. O de lo que fue y se desvaneció después. La épica del valiente que desarma al todopoderoso: el ciclista más grande de todos los tiempos fue tumbado en pleno auge de su carrera, una derrota como jamás había conocido a manos de un español con tanto talento como demonios en la cabeza. Orcières-Merlette es quizá el ataque más famoso de siempre, el día que Luis Ocaña despedazó a Eddy Merckx. Sólo cuatro días antes de que todo se acabara para él descendiendo el col de la Menté bajo el granizo.

«Fue el Ali-Foreman, el 'The Rumble in the Jungle del ciclismo'». Así lo describía hace unos años para EL MUNDO William Fotheringham, periodista de The Times, biógrafo del Caníbal, quien mejor ha narrado aquel episodio único -Mitad hombre, mitad máquina, Libros de ruta- y todo lo que vino a continuación, pues parte del mito es también ese descenso en el que Ocaña, aquel francés nacido en Priego, aquel español criado en Mont-de-Marsan, se dejó el Tour en una caída brutal.

«Pedaleaba como poseído, jamás podré olvidarlo», recordó Joop Zoetemelk, uno de los acompañantes iniciales de aquella osadía de Ocaña, que desafió al intocable, al tipo que tiranizaba el ciclismo mundial, ganador ya en aquel verano del 71, con 26 años, de dos Tours, dos Giros, tres San Remo, dos París-Niza... Era una etapa corta, pero el español, líder del Bic, ya había intuido en las jornadas previas alguna debilidad en Merckx (Puy de Dôme y en el puerto de Porte). Y además, el Molteni, también cosa insólita, le había dejado solo a las primeras de cambio, cuando el Tarangu Fuente atacó de salida y después Joaquim Agostinho en la Cote de Laffrey, el primer puerto del día. Pronto se unieron al portugués Ocaña, Gösta Pettersson, Lucien van Impe y el líder Zoetemelk.

Fue en la siguiente ascensión (Noyer), todavía a 70 kilómetros de la meta, donde Ocaña empezó a escribir la historia bajo un sol abrasador, una eterna escapada en solitario, con la gorra blanca calada hacia atrás, en la que sólo aumentaba su diferencia con los demás. Una exhibición para el recuerdo. Aventajó en casi seis minutos a Van Impe y en 8:42 a Merckx -que tiró sin éxito del pelotón-, en la meta de Orcières Merlette, en la parte sur de los Alpes. «Ocaña soberano, Ocaña heroico. El emperador hecho pedazos», tituló L'Equipe con la foto del español de amarillo. «Nos ha matado como El Cordobés a los toros», se postró el belga. La velocidad de la etapa fue tan alta que 71 de los 109 corredores llegaron fuera de control, teniendo que ser repescados.

«La etapa de Orcières Merlette fue una de las más grandes de la historia del ciclismo. Probablemente sólo la contrarreloj de Lemond y Fignon en 1989 fuera más famosa en la historia del Tour», reconocía Fotheringham, aunque lo más asombroso estaba por venir, pues el ansia competitiva del Caníbal ni en esa derrota se iba a apagar: «Era la primera vez que Merckx era vulnerable en una gran vuelta. No estaba feliz, por supuesto. De ahí que atacara desde el kilómetro cero al día siguiente». Tras la etapa de descanso, el belga protagonizó junto a dos compañeros del Molteni, camino de Marsella, una fuga brutal y rapidísima contra el pelotón -la carrera llegó con hora y media de adelanto y no había público en la meta- en la que ya recortó dos minutos.

Merckx se sabía inferior a ese español que hasta físicamente se le parecía, aunque tanto distaran sus caracteres, un «contraste» que aún les engrandeció más. «La caída de Ocaña en Menté, en cierto modo, fue la peor opción para Merckx, porque lo que se olvida es cómo le presionó después de Orcières Merlette», asegura el biógrafo de un Caníbal que pronunció aquello de «preferiría haber terminado segundo que haber ganado de esta manera. Que Ocaña se haya caído le quita todo el mérito a una posible victoria», que no quiso subir al podio ni portar el amarillo después de que en ese barrizal del col de Menté, Ocaña, persiguiéndole se estrellara en una curva a izquierdas y después fuera arrollado por Zoetemelk cuando se iba a levantar, mandándole, «semiinconsciente», directamente al hospital en helicóptero.

«Ocaña fue un ciclista brillante, pero no tuvo la consistencia para ganar el Tour más de un par de veces. Podría haber ganado ese sin la caída, pero lo que es seguro es que Merckx lo atormentó», cree Fotheringham sobre ese duelo que ya nunca fue. El español ganó finalmente el Tour de 1973, pero no logró derrotar al Caníbal, quien no disputó aquel año la Grande Boucle. «Merckx tenía muchos rivales diferentes, parte de su grandeza es que luchó contra todos ellos y ninguno, aparte de Thevenet, lo superó. Orcières fue la mayor derrota de Merckx en sus mejores años. En el Tour, Ocaña era el rival al que más temía. Pero Ocaña no fue consistente como De Vlaeminck, quien probablemente fue el mayor rival de Merckx en las carreras de un día", concluye Fotheringham sobre esa rivalidad que se quedó en aquella curva del col de la Menté.


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