Al menos 14 galerías de arte creadas por profesionales latinoamericanos, a menudo filiales de otras galerías activas en Ciudad de México, Lima, Bogotá o Buenos Aires, abren sus puertas en Madrid. Crisis, La Cometa, Villa Magdalena, El Apartamento, Bombón, Hilario Galguera, Fernando Pradilla, Iberoamérica Art Gallery, Yuri López Kullins... El bum del arte latinoamericano es una expresión del impacto de los expatriados americanos que en la última década han elegido España como residencia, atraídos por la seguridad, los servicios públicos, los precios y, también, la aparición de una oferta cultural hecha a su medida.
«Cuando alguien se va de su país y se instala en otro, necesita mostrar su historia, contar de dónde viene, cuál es su raigambre», explica la colombiana Paloma Jaramillo, directora de La Cometa, en Madrid. «El arte es una manera de mantener ese vínculo. Diría que nuestra clientela es en un 20% española, y en un 80% latinoamericana. Y latinoamericana significa latinoamericana, de cualquier lugar de América, desde Argentina hasta México e incluso Estados Unidos. Tenemos más colombianos por nuestras relaciones personales, es lo natural, pero los clientes latinoamericanos se identifican con nosotros sean de donde sean».
«Hay muchos latinoamericanos que se han comprado casa en Madrid en estos años. Algunos de ellos ya eran clientes de en México y nos los hemos vuelto a encontrar en España», dice Paloma García-Moreno, directora de la sede madrileña de la Galería Hilario Galguera, original de Ciudad de México. «También tenemos clientes europeos, alemanes y belgas que buscan arte latinoamericano y para los que es muy sencillo venir a Madrid que viajar a México. El cliente español es más escaso para nosotros. Con las instituciones se nota mucho que es difícil».
En los entrecomillados de Jaramillo y de García-Moreno se podría sintetizar el caso de las galerías latam: como es sabido, los latinoamericanos ricos que antes se instalaban en Miami, ahora se marchan a España, porque España, a menudo, es el país idealizado de sus abuelos y un lugar donde la vivienda de gama alta sigue siendo más barata que en Florida y en el que el modo de vida es más amable.
29.000 ciudadanos latinoamericanos viven en el Barrio de Salamanca de Madrid, según los datos del INE. No todos son ricos, no todos compran arte, pero la masa crítica es suficiente para que, detrás de ellos, las galerías que los han tenido por clientes en sus ciudades hayan cruzado el Atlántico. Además, los latinoamericanos ricos tienen nuevos pisos que amueblar, necesitan adaptarse a los códigos sociales de su nuevo viejo mundo y, a la vez, necesitan obras de arte de su país que les recuerden de dónde vienen, cuál es su memoria.
Ese es el resumen. Álvaro de Benito es el corresponsal en Europa de Arte al Día International, una revista dedicada al arte latinoamericano que, además, promueve ferias por todo el mundo hispánico. También es el testigo que puede ampliar la noticia desde su experiencia profesional: «Hace 20 años, había un galerista latinoamericano en Madrid, uno solo: Fernando Pradilla, de Colombia. Traía arte latinoamericano contemporáneo, artistas reconocidos. Sigue en ello. El despegue empezó hace seis o siete años. Las galerías latinoamericanas han querido estar en Madrid igual que las sudafricanas quieren estar en Londres. Hay una especie de tendencia política neocolonial que hace que las grandes fortunas vuelvan a la antigua metrópolis. A veces, instalarse aquí no es un gran negocio económico, o no ofrece un beneficio directo inmediato. La inversión tiene más que ver con estar cerca de los artistas y de Arco, con estar en el circuito y con conocer a las instituciones».
Según De Benito, las galerías no sólo vienen a España siguiendo a sus clientes. También vienen porque aquí están sus proveedores y los servicios que necesitan: «Los artistas que hace 20 años se instalaban en Londres y en Berlín se van ahora a Madrid. Lo de Carabanchel y los artistas es como lo cuentan, no es una leyenda. Son artistas de nivel alto los que tienen su estudio en Carabanchel: Teresa Margolles, Dagoberto Rodríguez, Carlos Garaicoa... Algunos también están en las instituciones. Dan clase, trabajan en museos, asesoran a las administraciones... Muchos pasan por el máster del Reina Sofía con la Autónoma y la Complutense. Han tejido sus propias redes».
«Antes tenía dos o tres exposiciones [de arte latinoamericano] individuales al año. Ahora son cuatro al mes. Hay exposiciones latinoamericanas en el Reina, en el Thyssen, en Centro Centro, el CA2M... Las instituciones miman a ese tejido. El discurso del nuevo Miami no es una ocurrencia», explica De Benito. El Museo Nacional Reina Sofía ha programado tres exposiciones de artistas latinoamericanos este otoño: el cubano Félix González-Torres, la argentina Marta Minujín y el colombiano Miguel Ángel Rojas. Y en el Thyssen, la Fundación la fundación TBA21 muestra la obra de la chilena Seba Calfuqueo.
¿Es algo que pasa en Madrid o también ocurre en otra escala en Sevilla, en Barcelona, en Bilbao? «En Barcelona hay una galería brasileña, Zielinsky, y las galerías de siempre también sondean el arte latinoamericano. Pero hay más presencia de África y del mundo mediterráneo», explica De Benito.
De modo que regresamos a Madrid. Paloma Jaramillo cuenta que su galería, La Cometa, nació en Bogotá en los años 80 como un negocio familiar que hoy comparten seis hermanos. Hace ocho años, Paloma pasó unos meses en Madrid y representó a La Cometa en algunas operaciones puntuales. Como la demanda de trabajo existía, pensó en poner un despacho, «un showroom más que una galería». Pero entonces apareció «un local maravilloso al lado de la galería de Elba Benítez. Elba nos ayudó mucho, nos guio. Dimos el paso. Nos concedimos cinco años para probar. Llevamos siete y medio. Hemos tenido momentos en los que hemos pensado en dejarlo pero como pasa en todos los negocios. Y hemos tenido años buenos».
«Los clientes latinoamericanos son más impulsivos. Algunos entran en la galería con la decisión de comprar ya tomada desde el escaparate. Los españoles no son así, los españoles se lo piensan mucho más», continúa Jaramillo. «Intentamos ser parte de la ciudad en la que vivimos. Nos parecemos a La Cometa de Bogotá pero no del todo. Estamos llevando a artistas españoles. Los llevamos a Bogotá también: Luisa Pastor, Juan Baraja... ¿Las instituciones? En noviembre, el Reina Sofía inaugura la exposición de Miguel Ángel Rojas, que es un artista de nuestra galería. Hemos trabajado con ellos y la experiencia ha sido buena. No somos una galería española, no nos conocen de siempre ni somos la primera opción para ellos, pero es una puerta que no está cerrada».
Como es lógico, las galerías españolas también pelean por esa clientela de nuevos madrileños. La ventaja es para aquellos que contactaron con sus clientes hace años, en sus países, antes de la gran migración. Inés López-Quesada, codirectora de Travesía Cuatro, cuenta que la firma abrió una sede en Guadalajara, en México, en 2013, en ese momento en el que las empresas españolas se lanzaron al mundo para salvar el gran parón de la economía interior. En 2019, Travesía Cuatro se instaló en la Ciudad de México. «Estar allí fue una manera de encontrar a clientes estadounidenses también. En Guadalajara hemos tenido un impacto importante, pusimos en marcha el fin de semana del coleccionista». Su camino lo han seguido galeristas de toda España, «no sólo de Madrid y no sólo de arte actual. Las grandes galerías de arte del siglo XX también llevan a América sus Tàpies».
La implantación de las galerías de arte latinoamericanas en España tiene también un ángulo estrictamente económico. Aunque Álvaro De Miguel calcule que su llegada masiva empezó poco antes de la pandemia, su origen está en el 28 de septiembre de 2013, cuando el Gobierno dirigido por Mariano Rajoy lanzó la política de la golden visa. Entonces, la crisis económica llevó a ofrecer el estatus de residentes a ciudadanos no europeos que compraran viviendas de al menos 500.000 euros o invirtieran en deuda pública y empresas españolas, con el fin de atraer inversión extranjera hacia España. La norma estuvo vigente años hasta su derogación en 2025 y atrajo 10.014 millones de euros, más de 900.000 euros por inversor. 22.430 visados dorados fueron concedidos gracias a la adquisición de viviendas. De modo que la política de golden visa se diseñó para profesionales de clase media-alta pero terminó por atraer a los ricos de América Latina.
José María Mollinedo, secretario general del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha), informa de que los inspectores no tienen un protocolo que los anime a fiscalizar a esos residentes golden visa llegados desde América Latina, como sí ocurrió en el pasado con los ciudadanos del este de Europa que compraron chalets en urbanizaciones del interior de la provincia de Alicante. «El aliciente para venir a España no es el de blanquear capitales sino el anonimato y la discreción. La vida es más cómoda para ellos en España».
¿Y el arte? Las galerías, explica Mollinedo, «son negocios sometidos a la obligación de informar sobre sus operaciones y de alertar de cualquier sospecha de blanqueo de dinero». Lo mismo que las notarías, las inmobiliarias, las joyerías, los anticuarios... Según la memoria del Sebplac, (Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias), Hacienda ha abierto investigaciones a galerías de arte con regularidad pero no con especial énfasis: entre dos y cinco expedientes al año.
¿Es posible repatriar dinero opaco a través del arte? Sí. Mollinedo que el mecanismo consiste en comprar y vender una pieza con un beneficio desorbitado, a través de sociedades pantalla y con la complicidad de los galeristas. ¿Es habitual? No hay indicios de que ocurra así.